El 1 de Mayo del 2016 se estableció la Iglesia Bautista gracia con el deseo de predicar el evangelio de la gracia de Jesucristo a una gran variedad de personas y culturas dentro de la ciudad de Lima. Nuestro deseo es sembrar una perspectiva bíblica entre las personas, enseñando a los creyentes a que piensen a través de una verdadera cosmovisión cristiana que afecte cada área de sus vidas.
Creemos que el evangelio salva a los pecadores y santifica a los creyentes por medio de la proclamación fiel de Cristo que busca aclarar la esencia del evangelio para incrédulos y para creyentes. Nuestro deseo es vivir comprometidos con este mensaje, recordándonos la gracia de Dios y animándonos a seguir a Cristo, al que murió y resucitó para darnos nueva vida.
Ser una iglesia saludable, centrada en el evangelio, que viva en obediencia a la Palabra de Dios. Deseamos contribuir a un movimiento de renovación espiritual que transforme nuestra cultura, restaure relaciones y extienda el reino de Dios en toda la nación.
En la Iglesia Bautista Gracia, creemos que el fundamento de nuestra fe descansa sobre convicciones profundas y arraigadas en la Verdad revelada. Nuestra Confesión de Fe desea guiarle a conocer nuestras creencias doctrinales con el propósito que comprenda que creemos que Dios quiere que nosotros seamos y hagamos como miembros de una misma familia de la fe.
Nació en Lima, Perú en un hogar donde a temprana edad se vio afectado por la salud de su padre, más en esas circunstancias conoció la gracia de Dios en su niñez, y tiempo después decidió entregar su vida al servicio del Señor.
Es uno de los pastores de la Iglesia Bautista Gracia desde el 2016. Tiene una Licenciatura en Educación por la Universidad Nacional Federico Villarreal. Sus deseos de seguir profundizando en las Escrituras le llevaron a estudiar una Maestría en Artes en Southern Baptist Theological Seminary y una Maestría en Divinidad en Midwestern Baptist Theological Seminary. Actualmente, es candidato para obtener un Doctorado en Ministerio.
Está casado con Laura Marroquín con quien tiene una hija llamada Ana Belén.
Nacido en Perú, sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Gracia. Se formó en la Universidad Cristiana de las Américas, en Monterrey, México, donde obtuvo la Licenciatura en Teología Pastoral. Comparte su vida y ministerio junto a su querida esposa, Jessica López, y juntos son padres de dos hijos, Josías y Chloe, quienes son una gran alegría en su hogar.
Existimos como iglesia para glorificar a Dios por medio de la proclamación del evangelio de Jesucristo, que genera:
Como cristianos evangélicos, creemos que Dios existe y que Él nos ha hablado principalmente por medio de su Palabra, la Biblia. Además, entendemos que la Biblia es una historia, la historia del evangelio de Jesucristo. La historia se puede dividir en cuatro capítulos sencillos.
Como cristianos, creemos esta historia de nuestra existencia: La historia del evangelio explica nuestro origen, nuestro problema, nuestra solución, nuestro propósito, y nuestra esperanza.
La salvación en Cristo es un acto de gracia. Jesucristo, en la cruz, tomó el lugar del hombre pecador, porque solo una persona sin pecado tuvo que pagar por todos los pecados de la humanidad. El justo pagó por los injustos; el bueno fue muerto por los malos.
Esta verdad de salvación no puede ser ganada por méritos propios; no es una salvación por alguna obra humana realizada. Esta salvación es un acto de fe mediante la gracia inmerecida de parte de Dios para cada persona.
Sin embargo, para acceder a esta salvación, se requiere una conversión personal. Esta conversión consiste en la asimilación de dos cosas principales- el arrepentimiento y la fe.
La salvación en Cristo es una nueva vida, un nuevo nacimiento (Juan 3). El corazón de piedra del hombre es trasformado en un corazón de carne (Ezequiel 36:26). El corazón de piedra es duro, insensible a las cosas de Dios, mientras el corazón de carne es suave y tierno; es uno que quiere recibir y aprender. Este acto de gracia debe manifestarse a través de una vida transformada.
La conversión personal es un acto individual donde el hombre no tiene la capacidad o medios por sí mismo de salvarse; sino, más bien, arrepintiéndose de su pecado y creyendo en la suficiencia de la muerte de Jesús, la persona recibe la salvación de Cristo y es reconciliada a Dios.
Aunque la conversión a Cristo es un acto personal de arrepentimiento y fe, el propósito de nuestra salvación no es que uno se quede solo, encontrando su propósito en sí mismo. Sin negar la importancia de una constante meditación personal con Dios en la vida de un cristiano, reconocemos que hemos sido creados para comunión y comunidad.
Un marco para entender toda la biblia es que a lo largo de la Biblia vemos a Dios formando “comunidades-centradas-en-Dios.” La primera comunidad bíblica es el Huerto del Edén. Allí vemos a Adán y Eva viviendo en total paz con la persona de Dios en el centro de sus pensamientos y actividades.
Luego encontramos a Noé y su familia. La maldad de la humanidad era tanta que Dios destruyó esa generación violenta y corrupta para comenzar de nuevo con una familia justa. Tristemente, los efectos de la caída del hombre persistieron, y el mundo volvió a su rebelión contra Dios. Llegamos al momento en que Dios decide separar a Abraham y la nación de Israel. Ahora vemos la idea de una comunidad-centrada-en-Dios como un grupo aparte dentro de la sociedad en general. Más adelante, cuando la nación de Israel está dispersa y disuelta se ve a Dios obrando principalmente con “el remanente”, los verdaderos creyentes dentro de la nación de Israel.
Así que, cuando Jesús en Mateo 16 declara, «edificaré mi iglesia», Él anuncia la llegada de la actual comunidad-centrada-en-Dios. El Apóstol Pablo despliega maravillosamente para nosotros que esta nueva entidad, la iglesia, la nueva comunidad-centrada-en-Dios, no es sólo para los judíos; se formará por judíos y gentiles para ser «un templo santo en el Señor» (Efesios 2).
La iglesia de Cristo existe hoy en todo el mundo en grupos pequeños de cristianos que se reúnen frecuentemente en iglesias locales para adoración, oración, y la enseñanza de la Palabra de Dios. Son comunidades cristianas donde la unidad en Cristo traspasa las barreras sociales, étnicas y económicas, porque delante de Dios todos somos iguales- pecadores salvos por gracia.
Jesús, en el sermón del monte, levanta el tema que los creyentes deben ser, “la sal de la tierra, y la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). A pesar de que como creyentes en Cristo nos reunimos frecuentemente en iglesias locales con otros creyentes, la intención de Dios nunca ha sido que nuestra influencia en la sociedad sea mínima. Al contrario, los verdaderos cristianos deben tener una excelente y profunda influencia en sus propias ciudades y comunidades.
Cosmovisión Cristiana. Este término describe la realidad que hay una perspectiva cristiana sobre la vida. La Biblia nos apunta a cómo debemos entender la vida, cómo debemos vivirla y cómo debemos interactuarnos con los otros miembros de la sociedad.
Bíblicamente, la base de nuestra interacción con otros es la gracia de Dios visto en el evangelio de Jesucristo. El evangelio, correctamente entendido, nos recuerda constantemente de dos cosas principales. En primer lugar, nos recuerda que somos pecadores y no merecemos nada de bueno. Esa verdad debe producir en el cristiano una humildad profunda que le permite interactuar con otros de manera bondadosa, siempre perdonando. En segundo lugar, nos recuerda que Dios nos acepta basado en la justicia de Cristo. Esa verdad produce en el cristiano un coraje que le permite servir a otros sin pretensiones porque el cristiano confía en su posición de aceptación con Dios.
Un cristiano que viva basado en el evangelio y en el cambio de vida que el evangelio produce tiene la capacidad de seguir la excelencia en todo lo que haga. Nuestro deseo como iglesia es que Dios nos use en nuestra ciudad para fomentar una renovación cultural de excelencia en lo laboral y en la convivencia urbana mientras vivamos y comuniquemos una verdadera cosmovisión cristiana basada en el evangelio de Jesucristo.
A través de toda la Biblia, notamos una conexión en toda la historia de la humanidad: Dios en su misión de redimir al hombre. Desde el inicio de la creación, Dios tenía en mente un plan de redención para la humanidad. Este plan comenzó desde el primer hombre después de la caída, pasando también por el pueblo de Israel. Sin embargo, la cumbre de este plan de redención tenía que efectuarse a través de Jesucristo, quien vino a la humanidad para establecer su reino. Esta misión comenzó en Dios y terminará en Él. Por lo tanto, no existimos en este mundo para crear nuestro propio reino; sino, para ser parte del reino de Dios en la salvación del hombre.
La Iglesia es llamada a unirse en la misión de Dios. Nosotros somos enviados por Jesús a una jornada misionera. Cristo es quien envió a los discípulos, y ese privilegio también es para la iglesia de hoy. Hay una tarea grande por hacer en todo el mundo. La meta es llegar a todas las naciones; es decir, a todo los grupos étnicos y culturales, deseando ver nuevas comunidades-centradas-en-Dios. Dios continúa con la misión de formar un pueblo para Sí de todas las naciones.