¿Dios puede cambiar de parecer?

Inicialmente esta pregunta podría sorprender a muchas personas si tan solo buscamos responderla bajo nuestro propio razonamiento. Sin lugar a dudas, la mayoría de los cristianos, podrían responder a esta pregunta, sin ningún problema, con un rotundo ¡No!

Siempre se ha mencionado que tenemos un Dios que no cambia, que desde la esencia de su mismo ser es manifestado como el Dios Inmutable. La Biblia dice, “pero yo Jehová no cambio” Malaquías 3:6. Otro caso similar se encuentra en Números 23:19, “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta”.

Sin embargo, algunos cristianos podrían entrar en conflicto frente a pasajes como Éxodo 32:14, “Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo”. Es en este punto donde tendríamos que hacernos la siguiente pregunta, ¿cómo deberíamos entender las Escrituras partiendo desde el mismo entendimiento de Dios?

Cada vez que tengamos un texto difícil a nuestro propio entendimiento, necesitamos verlo a la luz del panorama bíblico. A través de ese panorama, podemos sostener una interpretación con la ayuda de otros textos, y encontrar la respuesta a nuestra interrogante.

Primero, no podemos percibir la existencia de un Dios que se contradice. No podemos llegar a interpretar como una contradicción la frase “Jehová se arrepintió del mal”.

El verbo naham (“cambió de parecer” o “arrepentimiento”) no es el mismo que se usa para el cambio o el arrepentimiento del hombre, lo cual es shub. Naham no lleva una connotación de culpabilidad ni de un cambio de propósito de uno. La raíz del verbo significa “respirar hondamente” o “a fondo”. Es una palabra que exprese un sentir profundo o dolor.[1]

Dentro del pasaje de Éxodo, no está en juego la soberanía de Dios, ni mucho menos su perfección. Dios en su perfección, nos muestra que Él no está sujeto de algún modo a ningún cambio, ni tampoco podríamos mencionar que Dios está manejando alternativas.

Segundo, debemos observar el texto dentro su contexto. Si observamos el contexto del pasaje en Éxodo 32, Dios había manifestado un juicio a causa de la idolatría del hombre, mas fue una mención que no fue decretada. El pastor John MacArthur dice, “una intención divina, no es un decreto divino inmutable”.[2] Esta intención de Dios nos muestra su dolor profundo por la conducta del hombre.

Los diez mandamientos muestran toda la intención de Dios amando a los suyos, no solo por el hecho de sacarlos de la esclavitud de Egipto, sino buscando relacionarse con ellos por medio de su amor (Éxodo 20). Los dos primeros mandamientos nos declaran la intención de Dios frente a nuestra tentación idolatra. Dios quería ser el único Señor para su pueblo. Esto nos muestra claramente que Dios tenía otras intenciones para el hombre, más el pueblo tuvo otra respuesta a Dios. El hombre mismo fue en contra la ley de Dios (Éxodo 32:4).

Tercero, debemos apreciar la justicia de Dios. En este texto es difícil entender como Dios puede ser amoroso, y a la vez actuar bajo su justicia, teniendo la intención de destruir al hombre con su ira. Cuando el hombre infringe la ley de Dios, no debemos tomarlo como algo ligero, porque esa desobediencia va en contra de un Dios santo y justo.

En ese mismo contexto, más adelante en Éxodo 34:7b dice, “que de ningún modo [Dios] tendrá por inocente al malvado”. Muchos nos espantamos cuando vemos a un Dios actuando bajo su ira santa en contra del pecado del hombre, pero muy pocos nos ponemos a pensar que Dios luce glorioso aun cuando su justicia es manifestada sobre el pecado.

La justicia de Dios es pura, y tiene una excelencia moral absoluta. Él es un ser santo, que es imposible que haga o contemple algo pecaminoso. Por ese motivo Dios castiga el pecado. La justicia de Dios nos ayuda a entender su misericordia. Es por eso que si Dios no fuera justo, jamás nos habría mostrado el destello de su misericordia.

Cuarto, debemos contemplar la delicada misericordia de Dios. Dios es capaz de salvar a pecadores que merecen la condenación, y aun así mantener intacta su justicia. En medio de un ambiente tenebroso por el pecado y oscuro por el corazón idolatra del hombre, Dios manifestó su gracia, y así nos muestra su gloria siendo misericordioso.

El pastor Tim Chapman dice, “Cuando un hombre, Moisés, se paró entre la ira de Dios y el objeto de su ira, el pueblo, Dios retuvo su ira. Cuando muchos años después, un Hombre se paró entre la ira de Dios y el objeto de su ira, nosotros, Dios no retuvo su ira. Derramó su ira sobre Él que se situó en esa brecha”.[3]

Moisés fue el hombre que Dios utilizó como un tipo de libertador entre el pueblo y un Dios lleno de una ira justa. Este acontecimiento nos debe apuntar que tiempo después, Jesús, el Hijo del Hombre, se puso delante de un Dios airado, y recibió todo el castigo del hombre, soportando toda la ira de Dios a favor del hombre pecador.

La necesidad de un Libertador

La Biblia nos relata, que la llegada de un verdadero Libertador solo podría rescatarnos de la ira justa de Dios, y de nuestra condición pecaminosa. Jesús es nuestro verdadero Libertador, no porque portó una espada para liberarnos, sino porque cargó en una cruz nuestros pecados para librarnos.

Dios fue justo castigando a su propio Hijo por el pecado, y al mismo tiempo fue misericordioso mostrando su salvación para el pecador. Dios perdonó el pecado, porque “no tuvo por inocente al culpable” Éxodo 34:7. Es decir, el Padre tuvo que castigar a Su propio Hijo, el Inocente. Dios no salva pecadores teniendo por justo al culpable, sino castigando a un justo para salvar a los culpables, y así mantener intacta su justicia y misericordia.

La belleza de la gloria de Dios se ve manifestada en la persona de Jesús. Jesucristo es el destello más grande de Su gloria misma. El misterio de la justicia y la misericordia de Dios es imposible entenderla si quitamos de en medio de la ecuación a Jesús.

[1] Tomado del Comentario Bíblico Mundo Hispano.

[2] John MacArthur, la Biblia de Estudio MacArthur, traducido por Luis Miguel Contreras (Michigan: Editorial Portavoz: 2004), 134

[3] Tim Chapman, Hoja de Estudio Comunidad en Oración, (Lima, Perú), 2