Jesús, en el sermón del monte, levanta el tema que los creyentes deben ser, “la sal de la tierra, y la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). A pesar de que como creyentes en Cristo nos reunimos frecuentemente en iglesias locales con otros creyentes, la intención de Dios nunca ha sido que nuestra influencia en la sociedad sea mínima. Al contrario, los verdaderos cristianos deben tener una excelente y profunda influencia en sus propias ciudades y comunidades.

Cosmovisión Cristiana. Este término describe la realidad que hay una perspectiva cristiana sobre la vida. La Biblia nos apunta a cómo debemos entender la vida, cómo debemos vivirla y cómo debemos interactuarnos con los otros miembros de la sociedad.

Bíblicamente, la base de nuestra interacción con otros es la gracia de Dios visto en el evangelio de Jesucristo. El evangelio, correctamente entendido, nos recuerda constantemente de dos cosas principales. En primer lugar, nos recuerda que somos pecadores y no merecemos nada de bueno. Esa verdad debe producir en el cristiano una humildad profunda que le permite interactuar con otros de manera bondadosa, siempre perdonando. En segundo lugar, nos recuerda que Dios nos acepta basado en la justicia de Cristo. Esa verdad produce en el cristiano un coraje que le permite servir a otros sin pretensiones porque el cristiano confía en su posición de aceptación con Dios.

Un cristiano que viva basado en el evangelio y en el cambio de vida que el evangelio produce tiene la capacidad de seguir la excelencia en todo lo que haga. Nuestro deseo como iglesia es que Dios nos use en nuestra ciudad para fomentar una renovación cultural de excelencia en lo laboral y en la convivencia urbana mientras vivamos y comunicemos una verdadera cosmovisión cristiana basada en el evangelio de Jesucristo.